Tras años de señales incómodas para el reclamo argentino y de reivindicar a Margaret Thatcher, Javier Milei ahora definió a Malvinas como “la causa más importante y sagrada” de los argentinos. El giro llegó después de que Donald Trump dejara abierta la posibilidad de revisar la posición de Estados Unidos sobre el archipiélago.
Milei cambió repentinamente su discurso sobre las Islas Malvinas. El Presidente, que durante su gestión evitó que el reclamo de soberanía se encuentre en el centro de su agenda y que incluso protagonizó gestos que generaron fuertes críticas por su cercanía discursiva con la posición británica, ahora definió a Malvinas como “la causa más importante y sagrada que tenemos los argentinos” en diálogo con radio El Observador.
La transformación llegó apenas horas después de una declaración de Trump que abrió interrogantes sobre la histórica posición de Washington respecto del conflicto. Consultado el lunes sobre la postura de Estados Unidos frente a la soberanía de las islas, el mandatario norteamericano respondió: “Siempre la reviso. Es así con todas las posiciones. Esa es solo una de muchas”.
La frase fue interpretada como la posibilidad de que revise su posición frente al reclamo argentino, aunque Trump no habló de reconocer la soberanía argentina ni anunció ningún cambio concreto en la política estadounidense. Si bien, Estados Unidos mantiene históricamente una posición de neutralidad sobre la soberanía, aunque pese a su relación con la dictadura en Argentina cuando se desató la guerra en 1982, terminó inclinándose fuertemente hacia el Reino Unido.
El Presidente llevó la cuestión Malvinas a la reunión de Gabinete de este martes y, posteriormente, confirmó que este jueves hablará por cadena nacional para referirse a los supuestos avances diplomáticos vinculados con el reclamo argentino.
El giro discursivo resulta particularmente llamativo porque el Presidente no había mostrado durante su gestión una política de reivindicación de Malvinas que tuviera el peso que ahora pretende otorgarle.
Por el contrario, Milei mantuvo una relación política y discursiva especialmente cercana con los británicos y reivindicó abiertamente a Margaret Thatcher, la primera ministra británica durante la guerra de 1982 y criminal de guerra. La admiración por Thatcher no es un detalle menor.
Durante el Mundial, Milei había cuestionado la bandera desplegada por jugadores de la Selección argentina después de la semifinales contra Inglaterra. El episodio volvió a instalar fuertemente el conflicto Malvinas en el debate público.
Y las encuestas posteriores mostraron algo que el Gobierno no podía ignorar: Malvinas conserva un enorme apoyo en la sociedad argentina. Un relevamiento de CEOP Latam indicó que el 93% de los consultados defendía la soberanía argentina sobre las islas, mientras que el 66,2% consideraba que a Milei le importaba poco o nada la causa Malvinas. Otro estudio registró que el 68,6% de los consultados consideraba que al Presidente no le importaban las islas.
Si bien, Trump dejó abierta la posibilidad de revisar la posición estadounidense. Sin embargo, la discusión aparece en medio de las tensiones entre Washington y algunos de sus aliados europeos por el gasto militar y los compromisos asumidos dentro de la OTAN. Una posible modificación de la posición estadounidense sobre Malvinas fue incluso contemplada meses atrás en un «correo electrónico» del Pentágono como una herramienta de presión sobre el Reino Unido. Reuters informó en abril que entre las medidas evaluadas figuraba reconsiderar el respaldo diplomático estadounidense al control británico de las islas.
Es decir, Malvinas aparece también como una ficha dentro de una negociación mucho más grande entre Estados Unidos y el Reino Unido. Por eso, hay que tomar con pinzas aquello de que Trump le está haciendo un gesto hacia la Argentina, porque Malvinas funciona como una herramienta más de presión sobre Londres.
Hay además un antecedente histórico que no puede ser omitido. Cuando comenzó la guerra de Malvinas en 1982, el gobierno de Ronald Reagan intentó inicialmente mantener una posición de mediación entre la Argentina y el Reino Unido. Pero cuando fracasaron las negociaciones, Washington terminó inclinándose hacia Londres.
El propio Departamento de Estado de Estados Unidos reconoce que el 30 de abril de 1982 la administración Reagan anunció su apoyo a la posición británica y suspendió la ayuda militar y económica a la Argentina. Posteriormente, Estados Unidos proporcionó asistencia militar y logística al Reino Unido.
Mientras Milei se entusiasma con la declaración de Trump y prepara una cadena nacional, su propio canciller adoptó un tono mucho más prudente. Pablo Quirno fue consultado sobre la posibilidad de que Estados Unidos apoye la posición argentina y respondió: “Nosotros sobre lo que no tenemos control no operamos; nosotros operamos sobre lo que nosotros controlamos. Lo que haga Trump por Inglaterra será Trump por Inglaterra”.
Mientras Milei parece dispuesto a presentar la declaración de Trump como un hecho histórico, la Cancillería intenta recordar que la política exterior no se construye a partir de palabras, sino de decisiones diplomáticas concretas.
El Gobierno británico tampoco dejó pasar las declaraciones de Trump. Un portavoz del primer ministro Andy Burnham reafirmó la posición del Reino Unido y sostuvo que los habitantes de las Islas Malvinas son británicos y tienen derecho a determinar su futuro. “Expresaron su deseo de seguir siendo un territorio británico de ultramar y nuestro compromiso con ellos es inquebrantable”, señaló.
De hecho, la declaración británica se apoya precisamente en el argumento de la autodeterminación de los habitantes de las islas, una posición históricamente utilizada por Londres para rechazar el reclamo argentino.
El Gobierno de Milei ahora prepara una cadena nacional para hablar de Malvinas. El Presidente pasó de una posición que generaba fuertes cuestionamientos entre quienes defienden el reclamo soberano argentino a definir las islas como “la causa más importante y sagrada” del país.




