El conductor y periodista de Canal 13, Mario Massaccesi, participó del programa de Mario Pergolini y aseguró que el genocida Jorge Rafael Videla poseía un «costado humano».
La controversia se encendió cuando Pergolini le planteó una pregunta sobre las figuras más nefastas de la historia: “¿Vos creés que grandes dictadores asesinos… rescatás que en algún lado hay una parte de humanidad?”. La respuesta de Massaccesi no dejó margen para la duda: “Yo creo que sí”.
El periodista justificó su postura revelando que se encuentra abocado a la producción de un documental sobre la figura del genocida. Según argumentó, la pieza audiovisual busca exponer “un costado de él íntimo a partir de información y testimonios que tenemos”.
Para intentar atenuar el impacto de sus palabras, Massaccesi aclaró que esa intimidad “no lo convierte en un bueno como presidente”. Sin embargo, el recurso semántico de llamar “presidente” a Videla —omitiendo deliberadamente su condición de dictador de facto y genocida— terminó de cerrar un abordaje inadmisible para la historia argentina.
La pretensión de buscar destellos de «humanidad» o matices intimistas en quien encabezó la etapa más sangrienta de la Argentina choca de frente con la memoria, la verdad y la justicia. Videla no fue un mandatario con un «gobierno controvertido»; fue el arquitecto de una dictadura cívico-militar que transformó al Estado en una maquinaria clandestina de secuestro, tortura, exterminio y desaparición forzada de personas.
El régimen militar perpetró el robo y la apropiación sistemática de cientos de bebés nacidos en cautiverio, abusos sexuales masivos en centros clandestinos de detención y los macabros «vuelos de la muerte», mediante los cuales miles de argentinos e inyectados con sedantes fueron arrojados vivos desde aviones militares hacia las aguas del Río de la Plata y el mar Argentino.
Videla murió condenado a prisión perpetua en una cárcel común, juzgado por tribunales democráticos con todas las garantías de la ley que él le negó a miles de compatriotas. Reducir la figura del tirano a los testimonios de su fuero íntimo no constituye un ejercicio de investigación ni un aporte al conocimiento: es una maniobra peligrosa de lavado de cara que busca ablandar la figura del mayor criminal de la historia argentina en la memoria de las nuevas generaciones.




