Menos Milei, los presidentes latinoamericanos felicitaron a Lula por su histórico triunfo

Desde la izquierda mexicana de Claudia Sheinbaum hasta la derecha chilena de José Antonio Kast, la región entera convalidó el veredicto de las urnas en el país vecino. El Presidente argentino quedó totalmente marginado al negarse a felicitar al mandatario electo, tras haber viajado a hacerle campaña al clan Bolsonaro, tildar a Lula de "corrupto" y promover acusaciones de fraude desde Olivos.

El resultado del balotaje en Brasil no solo reconfiguró el tablero político del gigante sudamericano, sino que dejó expuesto el nivel de aislamiento y sectarismo diplomático en el que sumergió a la Argentina la gestión de Javier Milei. Tras confirmarse la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva con el 51,75% de los votos sobre el candidato del Partido Liberal, Flávio Bolsonaro (48,25%), los jefes de Estado de toda Latinoamérica se agolparon para transmitir sus felicitaciones al mandatario reelecto, menos uno: el Presidente argentino.

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, celebró el veredicto popular exclamando «¡Viva la democracia, ganó el pueblo de Brasil!». En la misma línea, el mandatario paraguayo, Santiago Peña, hizo hincapié en la «agenda común de integración y desarrollo», mientras que el boliviano Rodrigo Paz y el panameño José Raúl Mulino abogaron por profundizar los lazos históricos y las oportunidades bilaterales.

Incluso desde la derecha, la victoria de Lula fue convalidada sin reticencias. El presidente de Chile, José Antonio Kast, reveló haber mantenido una fluida conversación telefónica con el líder del PT para proyectar una agenda conjunta centrada en el comercio y el combate al crimen organizado. Lo propio hicieron la mandataria peruana Keiko Fujimori —quien resaltó la cercanía del bicentenario de las relaciones diplomáticas—, el ecuatoriano Daniel Noboa y el dominicano Luis Abinader.

Hasta el presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, referente de la derecha colombiana y aliado del bolsonarismo, dio una lección de civismo institucional al dejar de lado las diferencias ideológicas de campaña: «Ni Lula decide por los colombianos ni yo decido por los brasileños. ¡DECIDE LA GENTE! Y cuando el pueblo se pronuncia en las urnas, su voluntad se respeta porque es sagrada», sentenció.

Durante toda la contienda electoral brasilera, el economista libertario no dudó en intervenir abiertamente en los asuntos internos del principal socio comercial de la Argentina: viajó en reiteradas oportunidades a Brasil para participar de actos proselitistas del clan Bolsonaro, tildó públicamente a Lula de «corrupto», «comunista» y «presidiario», e intentó apadrinar la candidatura de Flávio.

El capricho oficialista rozó el ridículo institucional en las horas previas al desenlace. Mientras la justicia electoral brasileña avanzaba con el conteo, Milei utilizó sus redes para hacerse eco de las denuncias infundadas de «fraude» impulsadas por el bolsonarismo derrotado, replicando acusaciones contra el Tribunal Supremo por la prórroga del horario de votación.

La negativa a felicitar al presidente electo del socio comercial más importante de la República Argentina coloca al país en una posición de inédita vulnerabilidad diplomática y comercial. En lugar de priorizar el trabajo del Mercosur y las exportaciones que dependen del mercado brasileño, la Casa Rosada prefiere subordinar la política de Estado a su agenda de odio y revanchismo partidario.

Mientras la comunidad internacional saluda la consolidación democrática en Brasil y ratifica el liderazgo regional de Lula da Silva, el Gobierno libertario demuestra que es incapaz de mantener relaciones maduras y pragmáticas con sus vecinos.