Bullrich reconoció a Lula y cuestionó la persecución a Bolsonaro pese a pedir la cárcel para Cristina Kirchner

La jefa de bloque libertario en el Senado celebró la voluntad popular en Brasil frente al silencio ideológico de la Casa Rosada. Sin embargo, para defender al prófugo Flávio Bolsonaro afirmó que "el que pierde una elección no tiene que ir a la cárcel", olvidando que durante la campaña prometió construir un penal de máxima seguridad con el nombre de Cristina Kirchner.

En una jugada de alto impacto político que expone las fisuras con la Casa Rosada, la jefa del bloque de La Libertad Avanza en el Senado, Patricia Bullrich, volvió a tomar distancia de Javier Milei al reconocer el triunfo de Lula da Silva en el balotaje de Brasil. Sin embargo, al intentar articular una defensa corporativa para el excandidato ultraderechista y prófugo de la Justicia, Flávio Bolsonaro, la senadora terminó dinamitando su discurso histórico y cayó en una doble vara con el kirchnerismo.

“La gente decide en las urnas y su voluntad se respeta. Ese es el principio fundamental de toda democracia”, escribió Bullrich este miércoles a través de sus redes sociales. En un claro tiro de elevación contra el capricho ideológico del Poder Ejecutivo —que se negó a emitir una felicitación formal—, la legisladora subrayó que, más allá de las fronteras partidarias, Argentina y Brasil comparten intereses estratégicos y de cooperación.

Sin embargo, la controversia se evidenció en el segundo tramo del comunicado, donde intentó blindar a Flávio Bolsonaro frente a las causas por las que se lo investiga. “Es importante que la democracia no sea binaria: el que gana gobierna y el que pierde va a la cárcel”, disparó la senadora, cuestionando lo que calificó como la utilización de «una Justicia no imparcial como instrumento para eliminar a la oposición».

El intento de posicionarse como una defensora de las garantías institucionales le duró poco a la exministra de Seguridad. Las redes sociales no tardaron en rememorar sus expresiones más virulentas durante la campaña presidencial de 2023, cuando basó su plataforma electoral en el reclamo sistemático de prisión para la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

En septiembre de aquel año, Bullrich llegó a proponer la construcción de una cárcel de máxima seguridad que llevara el nombre de la exmandataria, asegurando la dirigente peronista debía cumplir allí su condena. La repentina sensibilidad de Bullrich para teorizar sobre los peligros de una «Justicia no imparcial» fue leída desde el kirchnerismo como un acto de cinismo y de provocación.

El desmarque de Bullrich sobre Brasil no es un hecho aislado, sino que condensa armado de su perfil propio desde que dejó la conducción del Ministerio de Seguridad para asumir la jefatura de la bancada libertaria en la Cámara Alta. Su llamativa ausencia en la reunión de Gabinete del último lunes volvió a disparar los rumores de tensión con el entorno más íntimo del Presidente. Mientras el vocero dijo que fue «por motivos personales», fuentes del Congreso indicaron que la senadora acumula malestar por las formas del mandatario y sus embestidas contra el periodismo.

Frente a este escenario, la estrategia de Milei viene siendo la de evitar el choque frontal. Cerca del Jefe de Estado saben que la exministra conserva una base electoral propia y un volumen político en el Poder Legislativo que el Gobierno no puede permitirse dinamitar.

Sin embargo, en el Círculo Rojo y los pasillos del empresariado la figura de Bullrich ya comenzó a orbitar con agenda propia para el escenario electoral de 2027. Las hipótesis van desde la consolidación de un «mileísmo sin Milei» —posicionándose como una alternativa de derecha institucionalizada ante un eventual desgaste de la gestión libertaria— hasta la ambición de integrar una fórmula de unidad pero con mayor cuota de poder real. El mensaje sobre Lula funcionó como una muestra de esa autonomía, al igual cuando expresó malestar por el escándalo de Manuel Adorni, o la situación económica, diferenciadosé del Poder Ejecutivo.