Al igual que el padre, Flávio Bolsonaro desconoció la derrota ante Lula y pidió anular las elecciones

Tras perder por más de 3,5 puntos en una jornada histórica, el senador del Partido Liberal imitó las tácticas de su padre y desconoció la voluntad popular en Brasil. Usó como excusa la prórroga de dos horas en la votación dictada por el STF para garantizar el sufragio de la población, denunció conspiraciones sin pruebas y llamó a la militancia a resistir el resultado democrático.

El candidato del Partido Liberal (PL), Flávio Bolsonaro, reaccionó a su derrota electoral desconociendo el triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva y anunciando que exigirá la anulación formal del balotaje. Con el 51,76% de los votos consolidados a favor del actual mandatario frente al 48,24% obtenido por el senador, la brecha de 3,52 puntos porcentuales desató la inmediata activación del libreto de la conspiración para obturar la transición democrática.

Sin presentar una sola evidencia concreta y ante un auditorio colmado de militantes en Brasilia, el hijo del expresidente encarcelado descargó su furia contra el Tribunal Supremo Federal (STF). El motivo esgrimido para denunciar un supuesto «cambio de reglas» fue la resolución adoptada por el ministro Cristiano Zanin, quien extendió dos horas el horario del sufragio en todo el territorio nacional —hasta las 19 horas— para garantizar que miles de ciudadanos que sufrían demoras por problemas de transporte y lluvias pudieran ejercer su derecho al voto.

“Utilizaremos a nuestro equipo legal y solicitaremos la anulación de estas elecciones. No aceptaré que las reglas del juego hayan sido cambiadas arbitrariamente, una vez más, por los amigos de Lula en el Tribunal Supremo Federal”, disparó el dirigente ultraderechista, calificando la medida de inclusión electoral como un «trazo de pluma para cambiar las reglas».

La retórica de Flávio Bolsonaro no sorprendió a nadie: replicó la estrategia utilizada por Donald Trump en 2020 y por su propio padre, Jair Bolsonaro, tras la derrota de 2022. Para alimentar la paranoia, el senador inventó irregularidades en el centro de cómputos: “Nuestros observadores del PL fueron retirados de la sala de seguridad en el momento en que se realizó la selección. Hay mucho que aclarar antes de que Brasil simplemente reconozca esta sucia jugada”, lanzó sin aportar prueba alguna.

Acorralado por el veredicto democrático que le otorga a Lula su cuarto mandato al frente del Poder Ejecutivo, el candidato derrotado se negó abiertamente a felicitar al ganador y proclamó el desconocimiento formal del escrutinio. “Las elecciones deberían haberse anulado. Es imposible reconocer el resultado”, insistió, cerrando su alocución con un peligroso llamado a la resistencia en las calles: “No personalizo mi derrota. No renunciaré a mi Brasil. Espero que ustedes tampoco lo hagan”.

El berrinche institucional del clan Bolsonaro expone el desprecio de los sectores conservadores por la voluntad popular. Pretender invalidar la elección de 160 millones de personas bajo el pretexto de que se le dio más tiempo a la gente para votar en los colegios demuestra el talante antidemocrático de un espacio que no tolera la derrota.

Mientas la comunidad internacional comienza a validar el triunfo de Lula da Silva y la Justicia Electoral brasileña ratifica la transparencia absoluta de la jornada, la ultraderecha vuelve a apostar por la desestabilización social y el boicot institucional. La democracia en el país vecino volvió a ganar en las urnas, pero la amenaza golpista del bolsonarismo demuestra que la pelea por blindar las instituciones populares está más vigente que nunca.