En el arranque de la semana, los «mercados» financieros internacionales volvieron a darle un duro revés al Gobierno libertario: el índice de Riesgo País elaborado por el JP Morgan saltó casi 30 puntos en una sola rueda —un incremento del 4,2%— para ubicarse en los 675 puntos básicos, alcanzando su nivel más alto en lo que va del año.
Con esta disparada, acumula una suba del 11,2% en lo que va de octubre. Hay que remontarse a octubre de 2025 —cuando el indicador quebró la barrera de los mil puntos por la incertidumbre de los comicios legislativos— para encontrar una suba tan marcada.
Los bonos soberanos en dólares cayeron un 1%, mientras que las acciones de empresas argentinas cotizadas en Wall Street registraron caídas estrepitosas, lideradas por Edenor (-3,3%) e YPF (-2,5%).
Durante su conferencia de prensa, el vocero presidencial Adrián Ravier dijo que la suba obedece a la incertidumbre global”, para luego añadir que el Gobierno «construye solidez macroeconómica».
Procurando desviar la atención, Ravier recordó que la gestión libertaria «recibió una Argentina con un riesgo país arriba de los 2.500 puntos» e insistió en la narrativa del éxito: “La Argentina que tenemos hoy es mucho mejor, con menos incertidumbre y con menos riesgo que la que teníamos en diciembre de 2023”.
A pesar de las señales de desconfianza que emiten los propios fondos de inversión internacionales a los que la Casa Rosada busca seducir, el funcionario ratificó la continuidad del ajuste: “La política económica no va a cambiar y no va a haber un plan platita mientras Javier Milei siga en funciones, porque entendemos que el plan económico es exitoso para bajar la inflación”, sentenció.
Detrás de la retórica sobre el «éxito» fiscal, en las mesas de operaciones de la City porteña y en Wall Street la realidad es completamente distinta. Fuentes del mercado confirmaron que la disparada del riesgo país responde a las dudas sobre la capacidad real del Gobierno para hacer frente a los vencimientos de la deuda soberana, agravadas por el freno de la actividad económica.
La desconfianza del sistema financiero internacional se profundizó la semana pasada cuando el propio Caputo, durante un encuentro con inversores internacionales en Bangkok, admitió que la Casa Rosada analiza recurrir al swap de monedas con la República Popular China para cumplir con los pagos de la deuda externa.
El sincericidio de Caputo en Asia dejó en ridículo al presidente Milei, quien pocos días antes aseguró en los medios que el BCRA ya contaba con «una bazooka de 125 mil millones de dólares para hacer frente al año electoral».
A la fragilidad financiera, la sostenibilidad del modelo libertario cruje por el impacto que el ajuste salvaje tuvo sobre la economía real: los últimos indicadores oficiales confirman la pérdida sistemática de puestos de trabajo registrados y un aumento sostenido de la tasa de desempleo, dos factores que alimentan la parálisis del consumo masivo y el ahogamiento de la industria nacional.
Los pronósticos de organismos multilaterales y consultoras privadas coinciden en el diagnostico de un colapso prolongado: el Fondo Monetario Internacional (FMI), el banco JP Morgan y el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del propio Banco Central prevén un escenario profundamente recesivo.




