Lula calificó de «vergonzosa» la fuga de Flávio Bolsonaro y lo comparó con su propia experiencia judicial

Durante la celebración por su cumpleaños y la reelección, el mandatario brasileño calificó de "acto vergonzoso" la huida del candidato derrotado. Recordó que tras perder contra Collor y Cardoso jamás se fue del país y repasó sus 580 días de prisión durante el Gobierno de Bolsonaro padre, para marcar el contraste ético con el clan bolsonarista.

El festejo por su cumpleaños número 81 y la consagración de su histórico cuarto mandato presidencial le brindaron a Lula da Silva un regalo político inesperado: la fuga hacia los Estados Unidos de su rival en el balotaje, Flávio Bolsonaro.

Frente a una multitud de militantes que se agolpó en los jardines del Palacio de Alvorada para celebrar, el líder del Partido de los Trabajadores (PT) destrozó al senador de ultraderecha y lo calificó como “la persona más engañosa” que le tocó conocer en su trayectoria política.

Rodeado por su esposa Janja, el vicepresidente Geraldo Alckmin y la militancia que se acercó a compartir la torta de cumpleaños, Lula dijo que la huida del dirigente del Partido Liberal (PL) es un “acto vergonzoso” y un insulto a la ciudadanía: “Marcharse de Brasil es vergonzoso. Debería haber entregado su pasaporte (…) Es una falta de respeto con los casi sesenta millones de electores que lo votaron y con la democracia. Quien se marcha de su país a escondidas es porque debe algo”, sentenció el mandatario reelecto.

Para demoler la narrativa del «exilio político» con la que el bolsonarismo intenta maquillar su fuga, Lula contrapuso la conducta de Bolsonaro con su propia experiencia. “Perdí las elecciones contra Collor y me quedé en Brasil. Perdí contra Fernando Henrique Cardoso dos veces, me quedé en Brasil”, rememoró. Y agregó sobre la persecución judicial que sufrió en la causa Lava Jato: “Decidí entregarme a la Policía Federal porque quería desenmascarar a mis acusadores y demostrar mi inocencia. Estuve 580 días detenido (…) Y aquí estoy, reelegido para un mandato más gracias a ustedes. Quien no tiene nada que ocultar, no tiene nada que temer”.

La huida de Flávio Bolsonaro —quien burló la orden del Supremo Tribunal Federal (STF) emitida el lunes tras salir de la residencia donde su padre Jair Bolsonaro cumple prisión domiciliaria por el intento de golpe de Estado de 2022— expone el sometimiento geopolítico del espacio conservador. Desde el entorno más cercano a Lula no dudaron en calificar al senador como un «lamebotas» de los Estados Unidos, señalando que el país del norte se convirtió en su «primera patria» .

El escape contó con el amparo previo de Donald Trump, cuyo gobierno ofreció otorgarle visas de residencia tal como lo hizo en su momento con su hermano Eduardo Bolsonaro. Durante la campaña, el magnate republicano apoyó la candidatura de Flávio: elevó aranceles a las exportaciones brasileñas para perjudicar a la gestión de Lula, promovió el financiamiento a través de corporaciones norteamericanas y se negó a reconocer el resultado de las urnas que le dio la victoria al líder progresista por más de cuatro millones de votos, una actitud fuertemente repudiada por el principal asesor internacional del Planalto, Celso Amorim.

Más allá de lo ético, la fuga de Bolsonaro provoca un terremoto político dentro de la extrema derecha brasileña. La huida del excandidato deja huérfano al bloque de gobernadores y legisladores conservadores que pretendían articular una oposición parlamentaria a partir del próximo 5 de enero, fecha en que Lula asumirá formalmente su nuevo mandato.

Con Jair Bolsonaro en la cárcel, su primogénito convertido en un prófugo internacional en Miami y el exjuez parcial Sergio Moro arrinconado en el plano provincial como gobernador electo del PL, el campo popular conducido por el PT se encamina a diseñar las prioridades de su futura gestión.