El clima de sospecha y desconfianza que envuelve al Presidente tuvo, tal vez, su capítulo más delirante dentro de las paredes de la residencia presidencial. Javier Milei decidió expulsar a casi todo el personal civil que trabajaba en la Quinta de Olivos —empleados estatales con décadas de servicio prestando labores bajo distintas gestiones políticas— para reemplazarlos por efectivos de las Fuerzas Armadas. Ahora, los uniformados son los encargados de realizar tareas como cocinar, cortar el pasto y mantener las instalaciones.
Entre los pasillos oficiales cobró fuerza la versión publicada por La Política Online, que señala que el Presidente se enojó tras la presunta intoxicación de uno de sus perros. Sin embargo, desde su entorno más íntimo intentaron bajarle el precio al asunto calificando la teoría del ataque como «cualquiera», aunque admitieron un malestar por la «filtración de información».
Más allá de la paranoia, el verdadero escándalo fue el detalle sobre gastos exorbitantes en plena vigencia del discurso de la austeridad y el «no hay plata». Las sospechas dentro del Ejecutivo apuntan a severas irregularidades en las contrataciones del área de jardinería y en la adquisición de alimentos. El dato más escandaloso que salió a la luz es la compra de más de 500 millones de pesos destinados a la adquisición de 29 toneladas de carne.
Para encubrir el despido del personal y la desconfianza que rodea a la gestión, desde el Gobierno sostienen que la idea de unificar todas las tareas operativas bajo la órbita de la Casa Militar responde a «la escalada de la inseguridad a nivel global» y a la logística previa por la visita del Papa León XIV programada para noviembre, evento que demandará un despliegue de obras y personal externo que exige un blindaje de la inteligencia oficial.
Con esta reorganización, la Casa Militar ya no se limitará a cumplir con la custodia y la seguridad del jefe de Estado como lo hizo históricamente, sino que absorberá de manera integral la servidumbre de la quinta. De esta manera, efectivos de las Fuerzas Armadas pasarán a atender las necesidades personales del mandatario, preparar el menú diario y cuidar los jardines de Olivos.
Además de la licitación para la adquisición de alimentos, existen cuestionamientos alrededor de contratos vinculados con el mantenimiento y la jardinería de la residencia. Según información publicada en las últimas horas, la diputada Marcela Pagano cuestionó una licitación de unos $700 millones para el mantenimiento y la jardinería de Olivos y planteó sospechas sobre el procedimiento.
El episodio deja expuesta la matriz de un gobierno atravesado por la obsesión con las conspiraciones internas, donde el fantasma del envenenamiento y el escándalo de las facturas millonarias por banquetes de carne se resuelven militarizando el entorno para garantizar el silencio.




