Este lunes, el mandatario estadounidense Donald Trump calificó las elecciones en el país vecino como «amañadas» y «muy corruptas», alineándose con las denuncias infundadas del candidato derrotado del Partido Liberal, Flávio Bolsonaro.
“Me pareció terrible”, soltó Trump ante los cronistas acreditados mientras abordaba el avión con destino a un mitin de campaña para las elecciones legislativas. “No tomé partido, pero, francamente, pareció otra elección amañada… pareció algo muy corrupto, algo terrible”, lanzó sin exhibir una sola prueba técnica que respalde semejante acusación sobre el sistema electoral del gigante sudamericano.
Apenas minutos después de que se difundieran las palabras de Trump, el propio Flávio Bolsonaro confirmó haber recibido una orden judicial para entregar de inmediato su pasaporte ante el riesgo inminente de fuga del país.
Según detalló el propio senador, la notificación de la Justicia le fue entregada tras salir de la residencia de su padre, el expresidente convicto Jair Bolsonaro, quien cumple su condena en régimen de prisión domiciliaria por haber encabezado la intentona golpista tras su derrota en 2022.
La maniobra impulsada por Trump y la tropa bolsonarista encontró un vacío diplomático absoluto a nivel continental. Absolutamente todos los dirigentes latinoamericanos —tanto del espacio progresista como de los sectores conservadores tradicionales— formalizaron sus felicitaciones al mandatario electo, reconociendo la transparencia del escrutinio que le otorgó su cuarto mandato al líder obrero.
La excepción fue la del presidente argentino Javier Milei, quien prefirió sostener el berrinche ideológico, negándose a emitir un saludo institucional.
Para justificar el rechazo al veredicto popular, el menor del clan Bolsonaro volvió a centrar sus ataques en la figura del ministro del Tribunal Supremo Federal (STF), Cristiano Zanin, condenando la resolución que dispuso prorrogar por dos horas el horario de votación ante las serias complicaciones registradas en el transporte público urbano. El senador tildó el escrutinio de «inaceptable», omitiendo que esa misma medida garantizó el derecho al sufragio de miles de electores en regiones donde su propia fuerza había solicitado mayores facilidades para el traslado de votantes.
La retórica de las «urnas amañadas» busca ocultar la verdadera razón del colapso bolsonarista: la capacidad de movilización popular del Partido de los Trabajadores (PT) y el contundente rechazo de la clase trabajadora al modelo de ajuste y milicias.
De acuerdo a datos publicado por Globo, la victoria de Lula se cimentó en un giro estadístico de proporciones históricas. El mandatario reelecto no solo logró revertir la desventaja inicial de 2,2 millones de sufragios sufrida en el primer turno del 4 de octubre, sino que cosechó la friolera de 10,2 millones de votos adicionales durante el ballotage.
En contraste, la candidatura de Flávio Bolsonaro evidenció un techo electoral, sumando 3,68 millones de votos. Esa disparidad abismal en el crecimiento de ambos caudales extendió la brecha final en el conteo definitivo a más de 4,38 millones de votos a favor del oficialismo.




