Mauricio Macri volvió a cuestionar con dureza al kirchnerismo y planteó una lectura crítica sobre el peronismo, el populismo y el funcionamiento del Estado argentino. Durante una conversación en la que también se habló sobre la fe y la doctrina social de la Iglesia, el expresidente sostuvo que la idea de justicia social es válida, aunque consideró que fue utilizada y manipulada políticamente.
El intercambio surgió a partir de una referencia a la doctrina de la Iglesia y a la encíclica del siglo XIX en la que aparece desarrollada la idea de justicia social. En una entrevista en Infobae, Rodolfo D’Onofrio le recordó a Macri ese origen y le preguntó si consideraba negativo utilizar el concepto, teniendo en cuenta que la expresión quedó fuertemente asociada al kirchnerismo.
Macri respondió que la justicia social es un concepto válido, pero sostuvo que fue mal utilizado y, fundamentalmente, manipulado. Para desarrollar su argumento, trazó una diferencia dentro del propio peronismo y apuntó directamente contra el kirchnerismo.
“No es lo mismo el primer Perón que el último Perón. Lamentablemente, Menem fue el último Perón, y el kirchnerismo nos volvió al primer Perón: el del resentimiento, la arbitrariedad, el populismo barato, la no meritocracia, la no cultura del trabajo”, sostuvo.
El expresidente reconoció, además, que esa fórmula política “ha sido exitosa”, una afirmación que utilizó para explicar la persistencia electoral de esos sectores a lo largo de las últimas décadas. En ese punto, Macri recurrió a una frase de su amigo Mario Vargas Llosa. Según recordó, el escritor solía decirle que no podía entender cómo un país tan maravilloso como la Argentina continuaba votando a quienes, a su entender, lo empobrecían todos los días.
Macri también advirtió sobre la posibilidad de un regreso de esos sectores al poder. “Todavía tienen chance de volver”, señaló, y vinculó esa posibilidad con un problema que considera estructural de la política argentina: la apropiación del Estado por parte de quienes llegan al Gobierno. En esa línea, cuestionó que se haya naturalizado el enriquecimiento asociado al ejercicio del poder y volvió a poner el foco en la falta de reglas.
Más adelante, el expresidente retomó el argumento y lamentó que la Argentina no consiga consolidar un sistema de reglas capaz de sostenerse más allá de los gobiernos de turno. Según su mirada, el populismo instala la idea de que las reglas están diseñadas para beneficiar a los sectores más ricos. Macri rechazó esa interpretación y planteó que quienes más necesitan instituciones que funcionen son precisamente los sectores más vulnerables.
“El populismo te dice que las reglas son a favor de los ricos. No: el que más necesita reglas es el pobre, que si le roban la casa no tiene un juez que le dé pelota”, remarcó.
Durante la charla, el titular del PRO también explicó por qué decidió no postularse nuevamente para presidente. Macri reconoció que durante buena parte de su carrera política interpretó su llegada a la Casa Rosada como una continuidad natural de sus anteriores responsabilidades. Sin embargo, afirmó que la experiencia presidencial tiene una dimensión completamente diferente.
“Entre la Ciudad y la Presidencia hay un abismo de simbolismo. Yo pensé que eran escalones: Boca, la Ciudad… No. Esto es cuántico, porque hay algo que depositamos en el Presidente: lo queremos idealizar”.
Hacia el final de la conversación, Macri planteó una paradoja. A su entender, el mundo atraviesa un proceso de transformación tecnológica que, en términos materiales, ofrece mejores oportunidades que en el pasado. Señaló que la tecnología permite acceder a productos cada vez mejores a menor precio y también a una cantidad prácticamente ilimitada de capacitación sin necesidad de contar con grandes recursos económicos.
El problema, sostuvo, aparece en el terreno político. Para Macri, mientras la tecnología amplía las posibilidades de acceso al conocimiento y mejora la calidad de vida en distintos aspectos, la política se vuelve cada vez más caótica y está atravesada por liderazgos crecientemente narcisistas.
En ese diagnóstico también apuntó contra el impacto de las redes sociales, a las que atribuyó una capacidad para potenciar y multiplicar ese fenómeno. Según describió, las redes terminan convirtiendo la política en una exposición permanente de los dirigentes, donde la búsqueda de protagonismo personal ocupa un lugar cada vez mayor.




