En un movimiento diplomático que causó estupor entre los especialistas en política exterior, la representación argentina ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) prefirió abstenerse de votar un proyecto de resolución destinado a ratificar la erradicación de todas las formas de colonialismo.
El episodio tuvo lugar en el marco de la Cuarta Comisión de la Asamblea General de la ONU. La iniciativa, presentada formalmente por la Federación Rusa, proponía reafirmar la vigencia de la histórica Resolución 1514, un pilar normativo fundamental dictado en 1960 que consagra el principio de integridad territorial frente a ocupaciones ilegales externas y que funciona como el soporte jurídico primordial sobre el que se apoya el reclamo argentino de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur.
La postura asumida por la Cancillería chocó de frente contra la propia impostura que el presidente Javier Milei ensayó en septiembre pasado ante el plenario de la Asamblea General. En aquella oportunidad, el mandatario libertario había demandado la «erradicación del colonialismo» en el archipiélago austral y pontificado que el principio de libre determinación «existe para liberar a los pueblos colonizados, no para consagrar situaciones derivadas de la colonización». Sin embargo, la diplomacia oficialista optó por borrar con el codo lo que el Presidente pretendió sostener en el atril.
A pesar de esto, la resolución anticolonialista terminó siendo aprobada en la comisión por 85 votos a favor, 49 en contra y 23 abstenciones, logrando ser girada para su discusión decisiva en el plenario de la Asamblea General.
Para justificar la decisión de no acompañar la condena al colonialismo, la delegación nacional mimetizó su voto con la postura expresada por los Estados Unidos, cuya representación objetó la pretensión de asimilar las sanciones económicas y comerciales multilaterales a formas de dominación colonial. De este modo, la Argentina compartió su abstención con socios alineados a la agenda norteamericana como Chile, Costa Rica, Colombia, Guatemala, Honduras, Perú y Paraguay, marcando una ruptura severa con socios clave de la región como Brasil y México, que votaron a favor del proyecto junto a potencias emergentes del Sur Global como India y Sudáfrica.
Esto provocó la inmediata reacción de la oposición. El ministro de Gobierno de la provincia de Buenos Aires, Carlos Bianco, salió al cruce de la Casa Rosada con duros cuestionamientos a la falta de rigor patriótico: “La Cuestión Malvinas merece una diplomacia que no esté de rodillas. Abstenerse frente al colonialismo no es solo un papelón. Constituye un acto de irresponsabilidad. La Cuestión Malvinas debe volver a ser definida por los argentinos. Y volverá a serlo”, disparó el funcionario bonaerense.
Por su parte, el canciller Pablo Quirno utilizó su cuenta en la red social X para contestarle a Bianco con una chicana: “No puede manejar una provincia, mirá si va a entender de política internacional”, evadiendo dar explicaciones sobre por qué la Argentina decidió no votar a favor de una norma que fortalece su propio derecho soberano sobre el territorio usurpado por el Reino Unido.
Con este paso en falso en la ONU, el gobierno de Milei vuelve a demostrar que su alineamiento incondicional con los intereses de Washington y Londres pesa mucho más que la defensa irrenunciable de la soberanía sobre las Islas Malvinas, postergando décadas de tradición diplomática.




