En un escenario de extrema paridad y tensión política, Brasil define este domingo a su próximo Presidente en la segunda vuelta más reñida de su historia democrática. Más de 158 millones de electores están habilitados para sufragar en una jornada decisiva donde el actual mandatario, Luiz Inácio Lula da Silva, y el senador Flávio Bolsonaro disputan voto a voto el control del Palacio del Planalto.
El caudal de 33 millones de personas —el 21% del padrón electoral— que se abstuvieron de votar en la primera vuelta del 4 de octubre, sumado al comportamiento del electorado joven de entre 16 y 24 años, se convirtió en el terreno de batalla definitivo. El ganador de la primera vuelta partió como favorito, con la última encuesta del instituto Datafolha publicada el sábado otorgándole a Bolsonaro hijo el 51% contra el 49% de Lula, dentro del margen de error del empate técnico.
La elección no solo pone en juego la continuidad o el fin de la era política de Lula tras tres mandatos presidenciales, sino que expone la posibilidad de una reconfiguración total del Estado brasileño. En caso de imponerse, Flávio Bolsonaro se consolidará como el presidente con mayor concentración de poder desde el fin de la dictadura militar. Entre sus compromisos, el candidato de la ultraderecha anunció que promoverá una reforma constitucional para extender el período de gobierno de cuatro a cinco años y prometió emitir un indulto presidencial el primer día de su asunción para su padre, Jair Bolsonaro, quien se encuentra preso tras ser condenado por el intento de golpe de Estado perpetrado tras la derrota de 2022.
Para Lula da Silva, un triunfo esta tarde representaría una proeza sin antecedentes en el sistema electoral de su país: sería la primera vez desde la reinstauración democrática que el candidato que salió segundo en el primer turno logra dar vuelta la elección en el balotaje, donde se requiere la mitad más uno de los votos válidos.
El mandatario concentró su último mensaje de campaña en un multitudinario acto sobre la Avenida Paulista, apelando a la memoria democrática e identificando los oscuros lazos del clan Bolsonaro con las estructuras delictivas de Río de Janeiro: “Los brasileños no pueden permitir que un miliciano sea Presidente”, lanzó Lula ante la multitud, buscando interpelar a la masa de indecisos.
Por su parte, Flávio Bolsonaro emitió su voto a primera hora de este domingo y volvió a insistir con la necesidad de desplazar al Partido de los Trabajadores del gobierno: “Llegó el momento de cambiar. No hay que seguir insistiendo con esto”, afirmó ante los medios tras salir de sufragar.
El centro de la estrategia de ambos comandos electorales durante las tres semanas de campaña fue la cacería de los 48,7 millones de electores que en la primera ronda se abstuvieron, votaron en blanco, anularon su voto o respaldaron a otros candidatos.
Las urnas abrieron a las 8 de la mañana (hora de Brasilia) y cerrarán a las 17. Debido al sistema de escrutinio electrónico, los primeros resultados oficiales de la Justicia Electoral se difundirán minutos después del cierre del comicio, en una cobertura que mantendrá en vilo a toda la región sudamericana.




