El escritor, podcaster y empresario cultural Hernán Casciari quedó envuelto en un grave escándalo judicial tras ser denunciado por el delito de estafa por un grupo de 18 personas que aportaron divisas para financiar los proyectos cinematográficos de su empresa, Orsai Audiovisuales SRL, de la cual es socio gerente.
La presentación penal quedó radicada en el Juzgado Criminal y Correccional N° 34 de la Ciudad de Buenos Aires. De acuerdo con el escrito patrocinado por el abogado Ariel Gil Ces, la maniobra se basó en una captación masiva de fondos donde Casciari invitaba a su audiencia radial, lectores y seguidores a comprar «bonos» para convertirse en «socios productores» de obras como La uruguaya, Canelones o La muerte de un comediante.
La promesa pública vendida en medios y plataformas era irresistible: financiar proyectos sin pedirle subsidios al Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) ni someterse a las exigencias de las plataformas internacionales de streaming, garantizando retornos económicos. “Él decía: ‘Invertís 100 y recuperás 500’. Prometía ganar cinco veces la inversión inicial”, detalló la periodista Marina Calabró al revelar la causa judicial.
Sin embargo, los aportantes que desembolsaron sumas que iban de los 50 a los 3.000 dólares aseguran que fueron engañados: no solo no cobraron las ganancias prometidas, sino que en la inmensa mayoría de los casos no llegaron a recuperar ni el 3% del capital invertido.
La demanda apunta directamente al ocultamiento de la información contable. Según el acuerdo inicial, Casciari se había comprometido de forma explícita a brindar rendiciones periódicas de gastos, reportes financieros transparentes y una participación proporcional de los ingresos obtenidos por la explotación comercial de los filmes.
Los denunciantes sostienen que debieron intimar sistemáticamente a la empresa Orsai Audiovisuales para obtener los números de las películas. Cuando la firma finalmente entregó documentación, los pequeños inversores se encontraron con planillas irregulares, inconsistentes e imposibles de auditar, lo que encendió las sospechas sobre el verdadero destino del dinero recaudado.
Por este motivo, la denuncia solicita a la Justicia que requiera informes urgentes a la Inspección General de Justicia (IGJ), la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), el Banco Central de la República Argentina (BCRA) y el Registro Nacional de las Personas (RENAPER), además de disponer el levantamiento del secreto bancario para identificar las cuentas de la sociedad y del propio Casciari. Asimismo, se reclamó una auditoría contable integral sobre Orsai y se aportaron como prueba comprobantes de transferencias, correos electrónicos, cartas documento y capturas de billeteras virtuales.
El escándalo salpica de lleno al ambiente de los medios, ya que Casciari utilizó sistemáticamente sus espacios en programas de altísimo alcance —como Perros de la Calle de Andy Kusnetzoff— para promocionar su esquema de financiamiento, apoyándose en el aval público de figuras de renombre como Diego Peretti, Justina Bustos y Darío Barassi.
Ante el alcance público que cobró la causa penal, Hernán Casciari publicó un video en sus redes sociales con una defensa pública. Con un código QR incrustado en la pantalla que remitía a las planillas de gastos, el escritor admitió el fracaso comercial de sus producciones pero intentó despegarse de la figura delictiva.
“No acepto que se hable de estafa. Jamás vamos a hacer esto (…) Es un momento triste para mí y les agradezco un montón el apoyo”, comenzó diciendo el empresario, y añadió: “Las figuras que nos acompañan por supuesto no tienen NADA que ver con el problema. Una persona que estafa o un proyecto que estafa a otras personas, primero, hace algo pensado de antemano (…) Es absolutamente ridículo que yo o cualquier persona que trabaje en Orsai nos hayamos levantado una mañana a querer estafar gente”.
Tras reconocer que durante todo el 2025 estuvo «pidiéndole disculpas a los aportantes», Casciari justificó el vaciamiento del capital apelando a la falta de experiencia profesional: “Nos equivocamos en un montón de cosas, se los dije. Pero nos equivocamos de buena leche, por querer encontrar formas diferentes de hacer las cosas alrededor de los proyectos culturales (…) Entiendo perfectamente esa decepción, esa frustración, pero bajo ningún concepto acepto que se hable de estafa, de fraude o de método Ponzi”.




