En la previa del último partido de Lionel Messi con la camiseta de la Selección argentina ante Benín, la Casa Rosada montó una insólita maniobra para subirse al prestigio del capitán rosarino y colar el relato del «modelo libertario». El portavoz oficial pretendió trazar un paralelismo entre la humildad y grandeza del diez con el liderazgo del presidente Javier Milei.
Durante su conferencia de prensa, el vocero Adrián Ravier arrancó dedicando unas palabras para despedir al capitán de la Scaloneta: «Gracias eternas, gracias por hacernos tan felices», manifestó. El funcionario ponderó no solo los pergaminos deportivos del astro, sino su rol humano, resaltando que «no solo fue un líder dentro de la cancha, también fue una persona muy humilde, que admiramos afuera de la cancha».
Momentos después, el portavoz igualó a Messi con el Jefe de Estado: «Como lo es también Javier Milei, por el liderazgo que está mostrando a nivel global», soltó, buscando engordar el mito de la proyección internacional del mandatario.
Ravier hilvanó la figura del rosarino con la supuesta influencia de la Casa Rosada en el mapa político, jactándose de que «ya lo vimos en las últimas siete elecciones, los candidatos que ha apoyado, que ha permitido darle más grados de libertad a gran parte de nuestra región».
Acto seguido, Ravier enumeró los «logros» en materia política y social, vaticinando que la figura de Milei será recordada por las futuras generaciones. «Logró patear el tablero de una Argentina que nos hundía en la miseria y la puso de pie», manifestó el funcionario.
Mientras sucedía esto en Balcarce 50, Javier Milei desataba su propia frenesí en la red social X compartiendo posteos con dedicatorias hacia el capitán de la Selección. A lo largo de toda la jornada, el libertario se dedicó a publicar y repostear sistemáticamente viejos recortes de archivo donde aparece él mismo en programas de televisión hablando sobre Messi. Para destacar las virtudes futbolísticas, morales y personales de la Pulga, Milei eligió exhibir sus propias opiniones, convirtiendo el tributo al capitán en una apología de su propia agudeza como analista.




