Por decreto, Milei rearma la SIDE mientras crecen los interrogantes sobre su nueva estrategia de seguridad

La Secretaría de Inteligencia de Estado anunció una reforma que incluye un nuevo cuerpo y una carrera profesional para sus agentes, mientras el Gobierno avanza con un Consejo de Seguridad Nacional que incorporaría a Inteligencia, Defensa, Cancillería y Economía.

La Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE) anunció formalmente una reorganización de su estructura interna que incluye la creación del «Cuerpo de Inteligencia de la Nación». La jugada oficial se produce en momentos en que la gestión de Javier Milei intenta sobreactuar firmeza en torno a la cuestión Malvinas, utilizando la bandera de la soberanía como fachada para justificar la amplificación de los aparatos de inteligencia.

La maniobra de la SIDE empalma con el discurso emitido en cadena nacional el pasado 3 de septiembre, cuando el Presidente anunció un proyecto de ley para endurecer sanciones a empresas no autorizadas que exploten recursos en las islas, acompañado por la creación de un «Consejo de Seguridad Nacional». Ese nuevo órgano pretendido por la Rosada busca articular a Defensa, Cancillería, Economía y al propio sistema de inteligencia dentro de una misma mesa estratégica.

Sin embargo, bajo el disfraz de la defensa del Atlántico Sur, el Gobierno instala una doctrina de seguridad nacional que otorga facultades difusas y discrecionales al aparato de espionaje estatal.

El anuncio, oficializado por el titular de la SIDE, Cristian Auguadra, presentó a la par un nuevo «Estatuto del Personal de Inteligencia». Según esto, la norma busca profesionalizar la actividad creando una «Carrera de Inteligencia» con concursos de mérito y capacitación permanente para atraer a «los mejores perfiles de Argentina». No obstante, detrás de esto, el armado reaviva los severos cuestionamientos de juristas y legisladores que advierten sobre los bordes difusos de la norma: nadie sabe a ciencia cierta qué situaciones quedarán encuadradas bajo la amplia etiqueta de «seguridad nacional» ni cuáles serán los límites operativos de los agentes.

El verdadero nudo político de esta reestructuración vuelve a poner bajo la lupa al hombre fuerte de la Casa Rosada: Santiago Caputo. El asesor presidencial, que operó sin cargo formal como el cerebro de la inteligencia estatal durante el primer tramo del mandato libertario, vuelve a emerger en este esquema. Aunque el Gobierno intente maquillar la reforma como un avance institucional al mando de Auguadra, la intervención de Caputo en la definición de la estrategia geopolítica y su estrecha vinculación con la SIDE alimentan las sospechas sobre quién manejará en los hechos este nuevo supercuerpo.

Diversos sectores de la oposición y organismos de derechos humanos salieron a cruzar la iniciativa, advirtiendo que la inclusión de las áreas de Economía e Inteligencia en un órgano de Seguridad Nacional abre la puerta a la persecución interna y al monitoreo de actividades civiles en el país.