En la psicología, el inconsciente suele jugarle malas pasadas a quienes intentan maquillar la realidad. Durante su presentación en el Foro de Madrid que se celebra en Santiago de Chile, al presidente Javier Milei se le chispoteó un furcio de colección o simplemente le brotó una insospechada ráfaga de honestidad brutal para describir los resultados del plan económico que aplica en la Argentina.
«Si analizamos con un mínimo grado de honestidad y nos comparamos con los gobiernos anteriores, está claro que nunca nuestro modelo funcionó», soltó el mandatario, con el papel impreso delante de la nariz. A diferencia de otras oportunidades en las que culpó a la iluminación, al tamaño de la letra o realizó algún chiste malo sobre que «no veía», esta vez no tuvo a mano ningún chivo expiatorio.
Al percatarse del furcio, Milei ensayó un recalculo relámpago y aclaró: «Está claro que nuestro modelo funciona y que vamos por el rumbo correcto». Apenas un segundo antes, como acostumbra hacer cada vez que la realidad contrasta con sus planillas de Excel, se había quejado del tratamiento mediático sobre su gestión: «La verdad que resulta bastante curioso porque a veces en la Argentina uno prende el televisor y pareciera que el país está todo mal».
Más allá del momento de sincericidio, la excursión trasandina de Milei dejó un reguero de pólvora ideológica en el marco del encuentro que reúne a la ultraderecha internacional. Sin ningún tipo de pudor institucional, el mandatario argentino elogió abiertamente la gestión económica del dictador Augusto Pinochet.
«Tras el derrocamiento del comunista Allende, Chile entró en un período de estabilidad y crecimiento que se extendió por más de 40 años y, gracias a ello, Chile fue sin lugar a dudas la envidia en términos económicos de toda la región», aseveró sonriente ante el auditorio.
El show de la provocación incluyó además críticas al titular del Gobierno español, Pedro Sánchez y un dardo envenenado para su socio político local, Mauricio Macri, a quien volvió a reprocharle haberse «dejado correr» por la oposición durante su mandato por no haber acelerado el ajuste.
Por último, el Presidente llamó a consolidar una “alianza internacional de las ideas de la libertad” para enfrentar lo que define como «el mal». En esa línea, reflotó una disparatada teoría sobre la dinámica institucional argentina: «En 2025, en Argentina intentaron un golpe de Estado. Utilizaron el Congreso para aprobar un conjunto de leyes y romper el equilibrio económico», afirmó.
Según la particular cosmovisión libertaria, que la Cámara de Diputados cumplan su función constitucional de debatir y votar proyectos que no sean del agrado del Poder Ejecutivo no es democracia: es un «golpe de Estado».




