El ex tenista profesional y actual diputado nacional por Misiones de La Libertad Avanza (LLA), Diego Hartfield, justificó la quita de subsidios estatales a los clubes de barrio y a los atletas. Sin embargo, sus dichos reabrieron el archivo sobre sus inicios deportivos, donde la contención pública resultó un pilar indispensable para su desarrollo profesional.
El episodio se desencadenó durante el plenario de la Comisión de Deportes de la Cámara de Diputados, espacio en el que Hartfield ejerce la vicepresidencia segunda. En el marco de la discusión por la situación económica del sector, el legislador respaldó el programa económico implementado por la gestión de Javier Milei e instó a priorizar la motosierra presupuestaria. «Nuestra postura es tener las cuentas ordenadas», argumentó.
Acto seguido, y a pesar de reconocer veladamente que los deportistas nacionales atraviesan «momentos difíciles», el ex tenista disparó: «Lamentablemente, vivir de subsidios puede tener sus costos».
Las afirmaciones del legislador oficialista no pasaron desapercibidas y tuvieron una respuesta inmediata por parte de la bancada opositora. El diputado Jorge Araujo Hernández, representante de Tierra del Fuego por Unión por la Patria, tomó la palabra y dejó en evidencia la doble vara del referente libertario, quien para ese momento ya se había retirado de la sala. «Tiró la piedra y escapó», remarcó.
A los 16 años, el actual legislador dejó su ciudad natal de Oberá para radicarse en la Ciudad de Buenos Aires e intentar hacer pie en el circuito profesional de tenis. Hasta ese momento, su entrenamiento demandaba un sacrificio diario de traslados de unos 100 kilómetros entre Oberá y Posadas.
La llegada a la Capital Federal y el salto cualitativo en su preparación solo fueron posibles gracias a la intervención directa del Estado nacional: Hartfield fue beneficiario de una beca pública de fomento que le otorgó alojamiento, alimentación e instalaciones de entrenamiento durante dos años dentro del Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CeNARD). Fue justamente esa política pública —la misma que hoy el oficialismo desfinancia— la que le permitió intensificar su rutina física, dar los primeros pasos en el profesionalismo y proyectar una carrera en el circuito internacional.
El caso de Hartfield vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre el rol de las instituciones públicas en el desarrollo del deporte nacional y expone cómo figuras del propio espacio gobernante, tras haberse beneficiado de las políticas de contención social y deportiva en etapas críticas de su vida, hoy militan la quita de ayuda a las nuevas generaciones de atletas y a los clubes de barrio.




