El presidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva no se resigna después del resultado de la primera vuelta de las elecciones brasileñas y ya salió a marcar el terreno para el balotaje. “Soy bueno en el mata-mata”, se envalentonó de cara a la definición del próximo 25 de octubre, cuando deberá enfrentar mano a mano a Flávio Bolsonaro.
Desde su búnker en San Pablo, Lula habló este domingo por la noche después de conocerse los resultados de la primera vuelta, que determinaron que la elección presidencial se definirá en segunda vuelta. Flávio Bolsonaro terminó primero, con el 47,03% de los votos, mientras que Lula obtuvo el 45,16%.
El resultado dejó al candidato del Partido Liberal con una ventaja de casi dos puntos, pero lejos todavía del 50% necesario para consagrarse presidente. La definición será el 25 de octubre.
Uno de los datos que atravesó la elección fue el alto nivel de abstención. El 21,08% de los electores habilitados no concurrió a votar, un dato que deja abierta una parte importante del electorado para la segunda vuelta.
Lula reconoció que esperaba otro resultado y admitió: “Les confieso que estaba convencido de que iba a ganar las elecciones en la primera vuelta”. El mandatario sostuvo que “el resultado suele ser inesperado” y señaló que nunca se consigue todo lo que se busca en una elección. En ese sentido, consideró que la segunda vuelta será la verdadera “prueba de fuego” de los comicios. “Mañana empieza otra campaña”, arengó Lula a su tropa.
El presidente brasileño buscó, además, mostrar que tiene una propuesta para disputar el voto de quienes todavía no definieron su posición. “Esperamos y queremos un futuro que pase por el crecimiento, con más educación y capacidad intelectual, como para transformar esta economía en un estado de bienestar social”, sostuvo.
También planteó sus prioridades para un eventual nuevo mandato: “Nosotros vamos a invertir en tecnología, en enseñanza universitaria y secundaria, para que Brasil se torne autosuficiente en medicamentos; y para garantizar la mejor salud pública”.
Lula estuvo acompañado por su vicepresidente, Geraldo Alckmin, y por Fernando Haddad, quien perdió en San Pablo frente al gobernador Tarcísio de Freitas. “Este país fue pensado siempre para gobernar solo para 35% de la población”, afirmó Lula. Y agregó, en un mensaje dirigido directamente a su militancia: “Esta elección de hoy demostró lo siguiente, nosotros vamos a ganar en la segunda vuelta”.
La segunda vuelta será enfrentamiento directo entre Lula y Flávio Bolsonaro. El senador del Partido Liberal consiguió más de 56 millones de votos y quedó primero en la primera vuelta, pese a una campaña atravesada por cuestionamientos y escándalos que involucraron al entorno de la familia Bolsonaro.
Ni el desgaste de la figura de Jair Bolsonaro, condenado por su participación en la trama golpista, ni el recuerdo de la pandemia ni los cuestionamientos que acompañaron al clan Bolsonaro alcanzaron para impedir que Flávio se convirtiera en el candidato más votado.
Ahora, el hijo del expresidente buscará conservar esa ventaja y sumar los votos de quienes quedaron afuera de la segunda vuelta. Lula, en cambio, deberá ampliar su base electoral y convencer a millones de brasileños que no lo eligieron en la primera instancia.
La disputa también tendrá una dimensión internacional inevitable. La relación con el gobierno de Donald Trump será uno de los factores que atravesarán el último tramo de la campaña, después de meses de tensión entre Washington y Brasilia.
Trump evitó hasta ahora respaldar públicamente a Flávio, aunque distintos sectores de su administración y dirigentes republicanos expresaron posiciones favorables al candidato bolsonarista. Al mismo tiempo, Estados Unidos mantuvo una fuerte presión económica sobre Brasil y llegó a imponer aranceles adicionales a productos brasileños.
En julio, el gobierno de Trump impuso un arancel adicional del 25% a determinados productos brasileños después de una investigación comercial que incluyó cuestionamientos a distintas políticas del gobierno de Lula.
En paralelo, la familia Bolsonaro tuvo una participación directa en la discusión. Flávio intervino ante el gobierno estadounidense por las tarifas y Eduardo Bolsonaro tuvo un papel activo en Washington durante la escalada de la disputa comercial. El propio gobierno de Lula acusó a ambos de haber contribuido a deteriorar la relación con Estados Unidos, algo que los Bolsonaro rechazaron.
La designación del Primeiro Comando da Capital (PCC) y del Comando Vermelho como organizaciones terroristas por parte de Estados Unidos también se produjo después de una reunión de Flávio Bolsonaro con Trump, aunque Washington fundamentó la medida en sus propias evaluaciones sobre el crimen organizado brasileño.
El escenario, así, vuelve a colocar a Lula frente a una disputa que excede las fronteras brasileñas. El presidente deberá enfrentar en las urnas a un candidato que representa el regreso del apellido Bolsonaro al centro de la política nacional y que, al mismo tiempo, mantiene vínculos políticos con sectores de Washington.




