Hadad y Brito, los outsiders que buscan instalarse en la carrera presidencial 2027

El empresario de medios Daniel Hadad y el titular del Banco Macro, Jorge Brito, aparecen entre los nombres que distintos sectores empiezan a medir para las presidenciales. Ninguno confirmó una candidatura, pero ambos comparten un perfil empresario y un discurso que busca ubicarse por fuera de la política tradicional.

A falta más de un año para las elecciones presidenciales, ya se empieza a discutir quién podría ser el próximo presidente. De cara a 2027, algunos de los nombres que comienzan a circular no vienen de la política tradicional, entre ellos aparecen Daniel Hadad, empresario de medios y dueño de Infobae, y Jorge Brito, presidente de Banco Macro y ex titular de River Plate.

Ninguno confirmó que vaya a competir por la Casa Rosada. Sin embargo, ambos comenzaron a aparecer en conversaciones políticas, empresarias y en mediciones que buscan detectar posibles candidatos por fuera de la dirigencia tradicional.

Durante una entrevista televisiva, el empresario de medios se refirió a la posibilidad de que Brito dé el salto a la política: “Sería un gran candidato”. La frase reforzó una versión que desde hace meses circula en sectores empresarios y políticos: la posibilidad de construir para 2027 una alternativa de perfil moderado, favorable al mercado y alejada tanto del kirchnerismo como de la confrontación permanente del oficialismo libertario.

Brito ya había aparecido como posible candidato en la conversación política. Si bien, algunas versiones lo ubican como una eventual figura de centro, desde su entorno han negado que exista una decisión de competir.

El presidente de Banco Macro ha defendido medidas de la actual administración, entre ellas el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), y ha mostrado interés en sectores como la minería, la energía y los centros de datos. La eventual candidatura, entonces, no aparecería como una ruptura con el modelo de mercado, sino como la posibilidad de ofrecer una versión más moderada, como sugiere el círculo rojo.

Esa es justamente una de las características que comparten varios de los nombres que comenzaron a circular: defienden el equilibrio macroeconómico y la inversión privada, pero buscan diferenciarse del estilo de Milei y poner mayor énfasis en empleo, producción y políticas sociales.

El otro nombre que ganó espacio es el de Daniel Hadad. El empresario construyó en las últimas décadas un fuerte poder de influencia a través de los medios y actualmente dirige Infobae, uno de los principales portales informativos de habla hispana en el mundo.

En los últimos meses, su nombre comenzó a aparecer como una posible alternativa presidencial. Incluso algunas mediciones recientes ya lo incluyeron entre los outsiders evaluados junto a Brito, Marcos Galperín, Carlos Melconian y Horacio Marín.

Sin embargo, Hadad ha sido cuidadoso a la hora de hablar de una candidatura. En una entrevista reciente sostuvo que no veía con buenos ojos la confrontación política y cuestionó la falta de proyectos que trasciendan la pelea entre los distintos sectores. También reivindicó aspectos de la gestión libertaria y criticó otros, especialmente en materia económica y social.

El espacio que busca ocupar el establishment

La aparición de estos nombres no ocurre en el vacío. Sectores empresarios y políticos empiezan a imaginar una alternativa que mantenga algunas de las transformaciones económicas impulsadas durante la gestión libertaria, pero que tenga un discurso menos confrontativo y mayor capacidad para construir acuerdos.

En las mediciones que comenzaron a incorporar a estos posibles outsiders aparecen Hadad, Brito, Galperín y otros nombres del mundo empresarial. Un sondeo reciente ubicó a Galperín primero dentro del grupo de quienes eligieron alguna de esas opciones, seguido por Hadad y Brito. Pero hay un dato que resulta todavía más significativo: el 68% del total de los encuestados no eligió a ninguno de los outsiders propuestos. Es decir: hay curiosidad por los nombres, pero todavía no existe una demanda electoral consolidada.

El atractivo de esta estrategia tiene una explicación evidente. Javier Milei llegó a la Presidencia en 2023 como un outsider de la política tradicional y consiguió canalizar una parte importante del malestar social con la dirigencia.

Su llegada al poder demostró que una figura sin una estructura partidaria tradicional puede romper el tablero si logra convertirse en vehículo de un descontento social amplio. Ahora, algunos sectores parecen preguntarse si ese fenómeno puede repetirse en 2027, aunque con otro perfil.

La diferencia sustancial es que, mientras Milei construyó gran parte de su identidad enfrentando frontalmente a la dirigencia tradicional, los empresarios que ahora aparecen en escena parecen buscar exactamente lo contrario: presentarse como figuras de gestión, moderación y diálogo.

Una foto que reunió a buena parte del poder

El escenario también quedó expuesto en un reciente evento en la Facultad de Derecho, donde Hadad presentó el documental “El Libertador”, sobre el histórico encuentro entre José de San Martín y Domingo Faustino Sarmiento en Francia.

El evento reunió a dirigentes políticos, empresarios, magistrados y referentes de todos los espacios. Entre los presentes estuvieron Mauricio Macri y su primo Jorge Macri; los gobernadores Rogelio Frigerio, Gerardo Zamora, Alberto Weretilneck e Ignacio Torres; intendentes como Federico Otermín y Mayra Mendoza; senadores como Mariano Recalde y Eduardo “Wado” de Pedro; y dirigentes radicales como Martín Lousteau y Emiliano Yacobitti.

También participaron importantes empresarios, entre ellos Marcos Bulgheroni, Nicolás Pino, Eduardo Costantini, Eduardo Elsztain y Gustavo Weiss.

La transversalidad de figuras de distintos sectores alimentó las especulaciones sobre la búsqueda de una alternativa política capaz de reunir a actores que hoy no comparten un mismo espacio electoral.

La posibilidad de que alguno de ellos dé el salto dependerá de varias cuestiones: primero, el desempeño del Gobierno de Milei al final del gobierno y la evolución de la economía; segundo, la capacidad de la oposición para construir una alternativa y tercero, si existe un electorado dispuesto a votar nuevamente por alguien que se presenta como “outsider”. La ancha avenida del medio suele mostrar interés por algunas figuras empresariales, pero luego no se traduce en votos.

La política argentina ya tuvo su outsider exitoso. Ahora el establishment parece preguntarse si puede fabricar —o al menos encontrar— el próximo.