En una jornada decisiva para el futuro de Brasil, los dos principales candidatos ya pasaron por las urnas este domingo. Por un lado, el actual jefe de Estado y candidato a la reelección, Luiz Inácio Lula da Silva; por el otro, el senador ultraderechista Flávio Bolsonaro.
Lula votó cerca de las 9:15 en la escuela estatal João Firmino Correia de Araújo, en São Bernardo do Campo —su cuna política en la periferia de São Paulo—, rodeado por una militancia fervorosa. Flanqueado por su esposa Rosângela «Janja» da Silva y Geraldo Alckmin, Fernando Haddad, Marina Silva y Simone Tebet, el mandatario intentó transmitir serenidad.
A la salida, el líder del Partido de los Trabajadores se mostró optimista: “Estoy muy confiado, no solo por el Gobierno que hicimos, sino también por el trabajo que realizamos durante la campaña. Estoy seguro de que vamos a ganar estas elecciones”. Sin embargo, el propio Lula terminó admitiendo los límites de su gestión: “Son 500 años de atraso. No se resuelven 500 años en 10, 15 o 20 años. Necesitamos mucho tiempo para arreglar este país”.
Por su parte, Flávio Bolsonaro votó en Río de Janeiro en la escuela municipal Barão Homem de Mello, en el barrio de Vila Isabel. Acompañado por su esposa Fernanda y luciendo la clásica estética amarilla con el número 22 en el pecho, el senador opositor apeló al descontento social.
“Espero que Brasil dé un voto de protesta contra la era de atraso”, soltó Bolsonaro con voz afónica ante los micrófonos, buscando canalizar el voto castigo pero demostrando que la propuesta de la oposición empieza y termina en el anti-petismo.
Con más de 158 millones de ciudadanos habilitados para elegir no solo la fórmula presidencial, sino también 27 gobernaciones, 513 diputados, dos tercios del Senado y las legislaturas regionales, Brasil enfrenta una jornada bisagra.




