En un escenario cruzado por el deterioro de los indicadores sociales y el freno de la actividad económica, el Poder Ejecutivo nacional redobló su apuesta por la confrontación política para esquivar el impacto de las cifras oficiales. El ministro de Economía, Luis «Toto» Caputo y el presidente Javier Milei salieron al cruce de los datos de desempleo, pobreza y caída de la producción, responsabilizando a las gestiones anteriores por la falta de inversiones y descalificando las proyecciones técnicas de consultoras y analistas financieros.
Durante un discurso ante representantes de cámaras empresarias, Caputo rogó el apoyo de los privados para la reelección de Milei y apeló a la campaña del miedo con un eventual regreso del peronismo. En su intervención de 45 minutos, el funcionario desmintió los graves registros de caída económica y sostuvo que el Gobierno logró «sacar de la pobreza a 12 millones de argentinos» a partir de «cifras récord», obviando el párate en los distintos sectores productivos.
Caputo cargó responsabilidades sobre los modelos pasados —incluida la gestión de Mauricio Macri, donde él mismo se desempeñó como ministro de Finanzas— e intentó justificar por qué la prometida lluvia de inversiones sigue sin concretarse. A la par, rechazó de plano los reclamos del sector financiero que advierten sobre el atraso cambiario y presionan por una devaluación.
Por su parte, Javier Milei desconoció que el país atraviese una recesión. Durante una entrevista televisiva en La Cornisa, el Presidente argumentó que la economía transita «muchos cambios estructurales» y que las mediciones desestacionalizadas «están arrojando cualquier cosa». Bajo esa premisa, dijo que «no hay recesión, hay una desaceleración», e insistió en que el consumo se encuentra en niveles máximos debido al avance del comercio digital. Asimismo, arremetió contra la comunidad académica al señalar la «deshonestidad intelectual de los economistas» que leen los datos como señales de alarma.
Las afirmaciones oficiales chocan de frente con las previsiones del propio mercado financiero internacional. El J.P. Morgan redujo del 2,7% al 1,5% su proyección de crecimiento económico para la Argentina en 2026, tras registrarse en julio una contracción mensual de la actividad del 2,9%, la baja más severa desde la pandemia de 2020 y comparable únicamente con las crisis de 2008 y 2018-2019. El banco de inversión prevé además una caída anualizada del 4% para el tercer trimestre, advirtiendo sobre un escenario recesivo producto del impacto inflacionario en el consumo, la morosidad crediticia y la desaceleración de la industria y la construcción.
El informe de J.P. Morgan puntualizó también el incremento de la pobreza al 32,3%, asociado al encarecimiento de la canasta básica total durante el primer trimestre. En este marco, el riesgo país escaló desde los 400 puntos registrados hace algunas semanas hasta superar la barrera de los 630 puntos básicos, reflejando las dudas de los operadores internacionales sobre la capacidad de acumular reservas y afrontar los vencimientos de deuda.
Aunque desde el oficialismo intentaron atribuir esta volatilidad bursátil al viaje del gobernador bonaerense Axel Kicillof a Nueva York —donde mantuvo reuniones con inversores del sector energético, minero y tecnológico—, los analistas señalan que la disparada del indicador responde a los datos locales desfavorables: la baja continua del PBI, la caída en la inversión, el estancamiento del empleo y las cifras del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), que ubican el nivel de actividad en rangos equiparables a fines de 2019.




