El excapellán de la Policía bonaerense y confesor del genocida Ramón Camps, Christian Von Wernich, solicitó de manera oficial un traslado especial desde la Unidad 34 del Servicio Penitenciario Federal de Campo de Mayo hacia el Complejo Penitenciario Federal de la Ciudad de Buenos Aires, en Villa Devoto, con el único fin de estar presente durante la histórica visita que el Papa León XIV realizará a ese penal el próximo miércoles 11 de noviembre a las 8 de la mañana.
El insólito pedido quedó registrado en una carta dirigida a Monseñor Ariel Torrado Mosconi, obispo de la diócesis de Nueve de Julio. La misiva fue difundida por el Foro Argentino de Defensa, un colectivo dedicado a operar mediática y jurídicamente contra las condenas por crímenes de lesa humanidad perpetrados durante la última dictadura militar.
En el escrito, el genocida apela a una sensibilidad religiosa.«Poder participar de este acto tan especial del Papa León XIV gracias a su intercesión pastoral representaría un bálsamo de misericordia y paz espiritual en este tramo final de mi vida terrenal y de mi ministerio sacerdotal», redactó Von Wernich.
Para reforzar su exigencia, justificó la solicitud argumentando su «avanzada edad», su «actual condición de discapacidad motriz» y «los rigores acumulados de tantos años de encierro».
Tras colgar el hábito en mayo de 2003 y mantenerse prófugo bajo identidad falsa en Chile, fue detenido en septiembre de ese mismo año. En octubre de 2007, el Tribunal Oral Federal Nº 1 de La Plata, encabezado por el juez Carlos Rozanski, lo condenó a la pena de prisión perpetua tras hallarlo coautor responsable de siete homicidios calificados, partícipe necesario en 30 casos de torturas y 42 secuestros cometidos en al menos cinco centros clandestinos a los que ingresaba con total impunidad valiéndose de su condición eclesiástica.
Durante el juzgamiento histórico, testimonios de supervivientes desnudaron la perversión de su rol. El Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel lo acusó de brindar «apoyo y contención espiritual» a los efectivos que ejecutaban los vuelos de la muerte, mientras que el periodista Jacobo Timerman relató en sede judicial cómo Von Wernich presenciaba en persona sus sesiones de tortura con picana eléctrica.
El represor cumple actualmente su condena en la Unidad 34 de Campo de Mayo, un pabellón privilegiado donde convive con otros símbolos del horror de la dictadura como Alfredo Astiz y Carlos Suárez Mason (h). Se trata de un predio caracterizado por comodidades de privilegio que no existen en ninguna otra cárcel del país: acceso a canchas de tenis, talleres de teatro y asados semanales.
La inminente llegada del Papa León XIV a la cárcel de Devoto reabrirá la discusión sobre las condiciones de detención y la mirada pastoral de la Iglesia católica frente a las personas privadas de la libertad.




