La policía de Nueva York detuvo a la reconocida actriz estadounidense Susan Sarandon en las inmediaciones de la sede de las Naciones Unidas. El arresto se produjo durante una multitudinaria manifestación en repudio a la presencia del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, quien se disponía a hablar ante la Asamblea General del organismo internacional para justificar la masacre perpetrada en la Franja de Gaza. Junto a Sarandon, también fueron arrestados la actriz Hannah Einbinder, el comediante Caleb Hearon y decenas de activistas que formaban parte de la protesta.
La movilización, convocada por la organización judía Jewish Voice for Peace (Voz Judía por la Paz), reunió a cientos de personas que llevaron adelante una sentada colectiva con el objetivo de bloquear las arterias viales cercanas a la ONU. Entre las principales consignas, los manifestantes exigieron el cese inmediato de los bombardeos sobre la población civil palestina y el fin del apoyo militar y económico que el gobierno de Estados Unidos le brinda al régimen de Tel Aviv. Ante esto, la policía desató un operativo de despeje sobre la calzada que derivó en más de cien detenciones.
La imagen de Sarandon siendo escoltada por las fuerzas de seguridad no representa un hecho aislado. A sus 79 años, la ganadora del Oscar consolida un historial de luchas históricas por los derechos humanos, la justicia social, la causa migratoria, el movimiento feminista y una oposición a las intervenciones bélicas del imperialismo estadounidense. En 2018, la actriz ya había sido arrestada junto a más de 500 mujeres en Washington durante una movilización contra la política de separación de familias de inmigrantes impulsada por la administración de Donald Trump.
En 1999 fue nombrada Embajadora de Buena Voluntad de UNICEF y en 2006 fue distinguida por la organización Action Against Hunger. A lo largo de las últimas décadas, ha sido una figura recurrente en las calles, participando activamente del movimiento Occupy Wall Street y de diversas campañas en defensa de las libertades democráticas.
Desde el recrudecimiento de la violencia en Gaza, la artista profundizó sus intervenciones públicas contra la complicidad de Washington y los crímenes del ejército israelí. Su postura no fue gratuita: en 2024 encabezó reiteradas acciones en favor de la causa palestina y, en 2025, acompañó en los tribunales al activista palestino-estadounidense Mahmoud Khalil, denunciando la persecución judicial y exigiendo el respeto irrestricto a la libertad de expresión.
Este posicionamiento provocó una brutal represalia por parte del establishment cinematográfico. Durante el Festival de Venecia, Sarandon confirmó que sigue perdiendo ofertas de trabajo y que gran parte de los estudios de Hollywood la mantienen marginada de la industria a modo de castigo . Pese al macartismo implícito de la meca del cine, la actriz ratificó su rumbo militante.




