Una metalúrgica debe dos meses de sueldo y ofreció pagar con bronce para que sus trabajadores lo vendan

La metalúrgica de Lanús Este ya había paralizado su producción por falta de materia prima y adeuda dos meses de salarios, aguinaldo y aportes. Son 60 trabajadores afectados.

La histórica metalúrgica Vaspia S.A.I.C., una marca registrada del trabajo industrial ubicada sobre la avenida Eva Perón al 2700, en Lanús Este, apago el último horno de fundición que mantenía encendido, consumando el parate total de su planta tras meses de paralización por falta de materia prima e insumos básicos.

Fundada en 1960, la fábrica sobrevivió a sucesivas crisis económicas argentinas, pero el ahogo actual de las PyMEs industriales terminó por liquidar sus operaciones. Con dos meses de salarios impagos, el medio aguinaldo adeudado y una deuda acumulada por indemnizaciones, la empresa firmó un escrito autorizando a sus 60 trabajadores a disponer de apenas 300 kilos de bronce sobrantes en la chimenea para que los vendan por su cuenta y «se hagan de algo de dinero».

«Nos dijeron que volquemos el horno porque hay 300 kilos de material», graficó con dolor Pablo, delegado gremial de la planta, al salir de una audiencia en la delegación del Ministerio de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires. La escena refleja la crudeza de la época: operarios que tienen entre 20 y 40 años de antigüedad.

Desde mediados de julio, la dirección de la firma interrumpió el pago de los haberes. A esta situación se suma la retención de los aportes jubilatorios y de obra social, sumando descuentos aplicados en los recibos de sueldo de los trabajadores pero jamás depositados en los organismos correspondientes.

«No nos pagan hace dos meses, no nos pagan aguinaldo, no aparecen. Están jugando con nuestro salario, están jugando con las 60 familias que estamos acá representando», denunció Oscar, uno de los operarios que vio pasar su vida entera entre los moldes de la fundición. La indignación de los trabajadores apunta tanto al vaciamiento empresario como a la solución propuesta por los dueños. «Nos ofrecieron 300 kilos de bronce. Lo que estaba en el horno. No es nada. Es lo que les sobraba. ¿Con eso qué hacemos?», cuestionó el trabajador.

Frente a la ausencia de respuestas concretas en el fuero laboral, los trabajadores de Vaspia optaron por mantener la permanencia dentro de la planta para custodiar las maquinarias, evitar el desguace nocturno y defender su fuente de sustento. La antigüedad promedio de la plantilla convierte el cierre en una tragedia social: para la mayoría de los operarios, la fundición representa la única experiencia laboral de sus vidas.

Quisiera que nos den la chance de poder seguir de alguna manera, formar una cooperativa», planteó un veterano trabajador con casi cuatro décadas al pie de la maquinaria.

«Vamos a seguir resistiendo y seguir exigiendo al Estado para que haga responsables a los empresarios de las obligaciones de las que tienen que hacerse cargo», advirtió la comisión interna. El caso de Vaspia no es un hecho aislado, sino la foto perfecta del derrumbe del entramado industrial, la caída libre del consumo masivo e invasión de manufacturas importadas que dejan a la producción nacional fuera de competencia.