El ministro de Economía, Luis «Toto» Caputo, recurrió a una llamativa comparación para defender las reformas estructurales de la gestión libertaria: tomó como bandera a la República Popular China y trazó un paralelismo entre la política económica local y el desarrollo de la ciudad industrial de Shenzhen.
Tras reproducir un análisis sobre la liberalización de precios, la eliminación de «trabas burocráticas» y la creación de incentivos para atraer capitales extranjeros en la potencia asiática, el funcionario sentenció: “Cambien Shenzhen por Argentina y es exactamente lo que estamos haciendo”.
Caputo insistió en que el crecimiento guiado por el Partido Comunista Chino es la guía a seguir: «Cualquier coincidencia no es pura casualidad. Esto funcionó en China y en cualquier país que lo ha hecho, y es lo que estamos haciendo acá; estamos aplicando lo que sabemos que funcionó en todos lados del mundo».
Sin embargo, al revisar el archivo Javier Milei construyó su carrera política y su campaña presidencial bajo la promesa explícita de romper lazos con la potencia asiática. Frases como «no voy a hacer negocios con China ni con ningún país comunista», o definir repetidamente al régimen del gigante asiático como una «dictadura» donde «la gente no es libre», fueron banderas innegociables del relato libertario. A la hora de defender el ajuste, el titular del Palacio de Hacienda no tuvo reparos en elogiar las políticas impulsadas por la burocracia estatal de Beijing a fines de los años 70.
Caputo omitió señalar que el despegue de Shenzhen no fue producto de la anarquía de mercado ni del retiro del Estado, sino de una hiperplanificada estrategia del Estado chino para captar tecnología occidental manteniendo un férreo control sobre el sistema bancario y productivo.
En su intervención, el ministro también ensayó una defensa cerrada del plan de austeridad que azota a los sectores populares y la clase media. “Lo más valioso de lo que hemos hecho es que logramos hacer eso respetando la santidad de los contratos, sin atropellar la propiedad privada”, sostuvo Caputo, obviando el severo impacto que la licuación de ingresos, la desregulación tarifaria y el freno a la actividad tuvieron sobre las familias y pymes.
Por último, frente a las crecientes presiones para aflojar el torniquete fiscal de cara al escenario electoral de 2027, el titular de Economía cerró la puerta a cualquier alivio social. Resguardándose en el dogmatismo presidencial, Caputo remató: “Al populismo no se lo combate con más populismo, se lo combate con más ortodoxia. Seguir haciendo las cosas bien. Y eso es lo que nosotros vamos a seguir haciendo”.




