En su editorial en Odisea Argentina, el periodista Carlos Pagni analizó el intrincado momento que atraviesa la gestión de Javier Milei y trazó un paralelismo con tres experiencias presidenciales que terminaron atrapadas en la trampa del estancamiento productivo: Carlos Menem, Fernando de la Rúa y Mauricio Macri.
El eje central del análisis partió de que los números deberían funcionar como la base objetiva de la discusión pública, pero el Gobierno libertario —al igual que sus predecesores— optó por descalificar las mediciones para tapar las fisuras del programa. «Debe justificar que la economía no tiene el dinamismo que él había prometido o para que la gente esté bien», planteó el analista.
Pagni repasó con precisión las excusas de la política argentina para eludir la autocrítica. En el caso de Carlos Menem, el estancamiento y la disparada del desempleo al 18,6% tras su reelección en 1995 fueron atribuidos exclusivamente al impacto del «Efecto Tequila» en México, mientras el riojano prometía en «pulverizar el desempleo».
Fernando de la Rúa aseguraba que las condiciones para la reactivación estaban servidas pero responsabilizaba al comportamiento «ahorrativo» de los argentinos o apelaba a argumentos desesperados como los feriados en el mes para justificar por qué la gente no consumía. Décadas más tarde, Mauricio Macri repitió la fórmula con las promesas incumplidas del «segundo semestre», las «cataratas de inversiones» y los «brotes verdes» que nunca llegaron, omitiendo que la recesión era el resultado de su política.
La única excepción citada en la historia reciente fue la de Nicolás Dujovne, segundo ministro de Economía de Macri, a quien Pagni definió como una «mosca blanca» por haber sido el único funcionario en reconocer abiertamente que el país atravesaba una recesión, aunque intentara suavizarlo aclarando que no era una crisis.
Sin embargo, el diagnóstico advierte que Javier Milei va un paso más allá en la distorsión del escenario ya que no le echa la culpa a factores externos, sino a los indicadores técnicos oficiales, argumentando que las metodologías estadísticas vigentes «no sirven» para medir el cambio estructural del modelo. A esto le sumó la hipótesis sobre la economía informal y la denuncia de conspiraciones políticas o «terroristas», alejando al discurso oficial de los parámetros de la realidad.
La desconexión discursiva del Poder Ejecutivo choca de frente con la cotidianeidad. Pagni remarcó que los salarios sufren, la inversión real registra una contracción severa y el riesgo país argentino —en comparación con los promedios regionales— encarece el financiamiento privado.
Las consultoras privadas y las mediciones de la Universidad Torcuato Di Tella reportan una caída en el Índice de Confianza en el Gobierno, evidenciando una brecha cada vez más profunda entre el triunfalismo de la Casa Rosada y el deterioro del bolsillo popular.
El trasfondo de esta encrucijada no es únicamente técnico, sino electoral. El análisis puso en evidencia las advertencias que ya circulan en los pasillos del poder sobre el riesgo de ignorar el parate económico con la mirada puesta en los comicios presidenciales de 2027. En ese marco se inserta además el posicionamiento interno de la jefa del bloque libertario en el Senado, Patricia Bullrich, quien apura el debate exigiendo darle continuidad «al modelo», abriendo interrogantes sobre la conducción que encarnará ese proyecto si la economía sigue sin responder.




