A casi dos semanas de la cadena nacional con la que intentó reactivar el reclamo argentino por la soberanía de las islas Malvinas, Javier Milei se refirió a las críticas que tildaron su maniobra de oportunismo electoral.
Durante una entrevista telefónica concedida al canal de streaming oficialista Neura, el mandatario calificó los cuestionamientos como «una estupidez mayúscula», aunque terminó confirmando que su agenda exterior sigue subordinada a los movimientos de Washington.
«Dicen que ahora hablo de Malvinas por una cuestión de imagen y oportunismo político. Eso sería una estupidez mayúscula», disparó Milei. Sin embargo, el mismo Presidente que hoy pretende abanderarse en la causa nacional ha manifestado en múltiples oportunidades su abierta admiración por Margaret Thatcher —la criminal de guerra británica responsable del hundimiento del Crucero General Belgrano—, alimentando incluso versiones que señalan que guarda un retrato de la exprimera ministra en su propio despacho presidencial.
Milei confesó que el despliegue del Ejecutivo fue una reacción directa a las declaraciones de Donald Trump. «La decisión de la cadena nacional fue en la reunión de Gabinete por el comentario de Donald Trump acerca de que estaba revisando la posición frente a Malvinas», reconoció el Presidente, dejando en evidencia que el Palacio San Martín se mueve al compás de la geopolítica estadounidense.
Para justificar la decisión, el libertario ensayó un análisis del escenario global: «Lo interesante es por qué Trump dice lo que dice; porque le reclama a Inglaterra que no lo apoyó en la pelea en Medio Oriente y lo vinculado al Estrecho de Ormuz». En esa línea, definió al líder republicano como un «deal maker» que «presiona fuerte», y sentenció: «¿Usted cree que va a hacer una jugada de esas características sin tener red? Bueno, eso es un disparate».
Entre la devoción por la figura de Thatcher y una política exterior que solo reacciona cuando un magnate estadounidense utiliza a las Malvinas como ficha de cambio en la interna militar por la disputa en Medio Oriente y el Estrecho de Ormuz, la cadena nacional del Presidente quedó al descubierto: no fue más que un rapto de oportunismo para subirse a una negociación ajena, utilizando la fibra más sensible de la soberanía argentina como pieza de utilería.




