Milei se acordó de Malvinas porque la economía no le da buenas noticias

El Presidente usó la cadena nacional para desempolvar el reclamo de soberanía y anunciar leyes que ya existían, tras semanas de perder la pelea discursiva en la microeconomía. Del "mapita" prohibido en el Mundial a la admiración por Thatcher y la base naval que frenó su propia motosierra: la trastienda de una sobreactuación para no "suicidarse" electoralmente.

Javier Milei, el mismo que hasta hace poco ninguneaba el sentimiento nacionalista y expresaba sin ponerse rojo su devoción por Margaret Thatcher, de pronto se acordó de que las Islas Malvinas son argentinas y de que tiene la obligación constitucional de sostener el reclamo de soberanía.

Tras semanas de caída ininterrumpida en las encuestas y acorralado por el aura de «presidente antipatria», el mandatario necesitó patear el tablero y cambiar la conversación. Para entender la cadena nacional del pasado jueves hay que rebobinar dos meses exactos. El punto de quiebre fue las semifinales del Mundial contra Inglaterra, donde el propio Gobierno consintió que no ingresara al estadio ninguna bandera con «el mapita de Malvinas», tal como lo expresó de forma despectiva la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva.

Luego de que los jugadores mostraron la bandera con la insignia «Las Malvinas son Argentinas» tras el triunfo, la respuesta del Presidente fue calificar las muestras de orgullo como «gestos de adolescentes termo mononeuronales», pidiendo no politizar el fútbol. Pero la jugada le salió mal: se desató un reverdecer nacionalista que dejó al oficialismo totalmente en offside y lo obligó a retirar del Congreso una ley con la que buscaba habilitar la compra ilimitada de tierras por parte de inversores extranjeros.

A eso se le suma las problemáticas económicas que ya no alcanza con sostener con que «la macro anda bien». Después de prometer «los mejores 18 meses de la historia», consiguió que el dueño de Neura Alejandro Fantino salga con un editorial en su stream a justificar que «un médico trabaje de mozo para llegar a fin de mes».

El Presidente prometió durante dos años y medios que para agosto del 2026 la inflación minorista empezaría con cero, tuvo que conformarse con festejar la baja en el índice mayorista y buscar instalar que era lo que había prometido.

Ante el aumento de la morosidad familiar y la caída de los ingresos, el Gobierno perdió el eje. Tal es así que Milei endureció el tono y llegó a decir: «Si no ganamos es porque como sociedad estamos decidiendo suicidarnos», sentenció, en un intento desesperado por instalar que su gestión es «la mejor en 100 años de historia» y que solo un «relato malicioso» impide ver que vamos camino a ser la principal potencia mundial.

En su mensaje grabado del jueves, Milei anunció sanciones a las petroleras que explotan ilegalmente el Atlántico Sur y la reactivación de una base naval en Tierra del Fuego. Sin embargo, las medidas contra las corporaciones petroleras ya están contempladas en la Ley 26.659, promulgada en 2011 durante la gestión de Cristina Kirchner. Se trata de un marco legal que el propio gobierno libertario ignoró durante casi tres años, permitiendo que la firma británica Rockhopper y la israelí Navitas avanzaran con el yacimiento Sea Lion.

La promocionada base naval de Ushuaia comenzó a construirse en 2022 y quedó completamente abandonada cuando Milei asumió y aplicó la «obra pública cero». La única «novedad» es que ahora prevé compartirla con Estados Unidos.

El verdadero problema del Presidente para sostener su «giro patriótico» es su propio prontuario. Resulta difícil creer que un líder que ha manifestado repetidamente su admiración por Margaret Thatcher, la criminal de guerra que ordenó el hundimiento fuera de zona del Crucero General Belgrano.

El mismo que, en su discurso del 2 de abril de 2025 aludió a la autodeterminación de los isleños, sugiriendo insólitamente que los kelpers son quienes deben decidir sobre la soberanía.

No obstante, en la misma mañana de su cadena nacional estuvo en Chile reivindicando a la dictadura de Augusto Pinochet, el principal aliado del Reino Unido durante la guerra de 1982 y donde también mantuvo un silencio ante las incursiones británicas en el Mar Argentino.

    El ex primer ministro británico Boris Johnson —quien visitó a Milei en la Casa Rosada en 2024— escribió en The Daily Mail: «Milei es anglófilo y thatcherista. No creo ni por un segundo que quiera una confrontación con el Reino Unido. Pero enfrenta una difícil campaña y puede considerar necesario agitar el sentimiento popular apelando al tradicional nacionalismo».

    El llamado a la «unidad nacional» que ensayó Milei durante los quince minutos que duró su discurso en el prime time, volvió a su repertorio habitual con ataques contra los periodistas apenas 12 horas después, tildándolos de «mierdas humanas mal cagadas» e «imbéciles».

    La estrategia comunicacional y política, pretender excitar pasiones nacionalistas mientras por abajo se profundiza un programa de reformas que regala los recursos naturales, que hasta solo días buscaba flexibilizar la venta de tierras y concedía privilegios absolutos al capital extranjero. El «giro Malvinas» de Milei es una muestra de debilidad política y la urgente necesidad de tapar la crisis de un modelo que en la calle ya no se sostiene más.