La 5° Marcha Federal Universitaria —que volvió a movilizar a cientos de miles de personas en todo el país en defensa del presupuesto y en reclamo del cumplimiento efectivo de la Ley de Financiamiento Universitario— culminó con una feroz represión ejecutada por las fuerzas federales, con camiones hidrantes, gas pimienta y bastonazos sobre la avenida Callao.
Sin embargo, lo que se pretendió vender como una «reacción policial ante los disturbios de los manifestantes» quedó desarticulado por el trabajo periodístico en el lugar de los hechos. A través de imágenes registradas por las cámaras de El Destape, se captó la presencia de infiltrados encargados de provocar los destrozos y generar la escenografía perfecta para desatar la cacería.
En la secuencia se observa a un sujeto con el rostro cubierto que, en un primer momento, blandía un palo de madera y utilizaba herramientas para romper baldosas y bancos de la plaza Congreso. Minutos después, tras desatarse la avanzada de la infantería, la misma persona, vistiendo la misma campera, reapareció detrás del cordón de las fuerzas de seguridad llevándose detenido a otro manifestante.
Los episodios de tensión se concentraron durante la tarde de este jueves en las inmediaciones del Palacio Legislativo, justo cuando la columna central de estudiantes, docentes, no docentes y rectores intentaba avanzar para realizar el acto principal. Mientras la inmensa mayoría de la masa ciudadana marchaba de forma pacífica, un reducido grupo de personas encapuchadas irrumpió con masas y palos para destrozar el mobiliario público de la plaza y arrojar cascotes contra la policía.
Esta maniobra montada volvió a poner sobre la mesa una denuncia sistemática que cruza a las grandes movilizaciones populares: encapuchados ajenos a las organizaciones convocantes, cuya única misión táctica es generar las condiciones de caos requeridas por el protocolo del Ministerio de Seguridad para habilitar la represión.




