La cadena nacional con la que Javier Milei pretendió mostrar músculo soberano y convencer a los argentinos de un repentino interés por las Islas Malvinas duró muy poco antes de ser desarmado pieza por pieza. En su habitual editorial por El Destape, el periodista Ari Lijalad cruzó la trastienda de los anuncios oficiales y puso blanco sobre negro: detrás de la escenografía patriótica no hay ninguna política de defensa nacional, sino un subordinamiento directo a la agenda de los Estados Unidos en el Atlántico Sur y un vaciamiento sistemático de las Fuerzas Armadas.
Lijalad comenzó recordando la falta de convicción histórica del mandatario libertario, señalando que al Gobierno «no le interesa el tema Malvinas» porque hasta hace apenas unos días repetía en público el mismísimo discurso de la Cancillería británica sobre la «autonomía» y los «derechos» de los habitantes del archipiélago. También recordó el fanatismo de Milei por la criminal de guerra Margaret Thatcher.
Sin embargo, aclaró que la cadena nacional responde a un marco geopolítico muy claro: la preocupación de Washington por el control de los pasos interoceánicos, como el Estrecho de Magallanes. Es en ese engranaje donde encaja el anuncio de la base naval en Tierra del Fuego, pensada para funcionar de manera conjunta con la potencia del norte.
Lijalad detalló el deterioro social y salarial que padecen los efectivos de las fuerzas de seguridad y militares bajo la gestión libertaria. «La mayoría cobra por debajo de la línea de la pobreza», remarcó, y luego, añadió: «El tipo que maneja los F-16 gana lo mismo que un tipo que maneja un Uber».
A este escenario de haberes licuados se le suma la crisis sanitaria interna del personal militar. «Le desfinanciaron la obra social; es crítica la situación de los trabajadores de las Fuerzas Armadas», graficó Lijalad. Y advirtió que la intención del Poder Ejecutivo de privatizar Fabricaciones Militares para ponerla en manos de capitales extranjeros representa la antítesis de la soberanía. «Milei quiere privatizar Fabricaciones Militares y que se la queden empresas extranjeras; y que sean ellas las que decidan de qué se proveen o no las fuerzas argentinas. Entonces, no hay ninguna política de defensa real de este gobierno pensada en términos de soberanía», sentenció.
Respecto a la reasignación de partidas presupuestarias para impulsar la base naval integrada en Tierra del Fuego. «¿Es nueva dicha base naval?», se preguntó de forma retórica. «No», respondió tajante. Lijalad recordó que la obra se inició en 2022, durante la presidencia de Alberto Fernández, y que si no se terminó fue justamente porque el propio Gobierno de Milei la paralizó a través de su feroz recorte a la obra pública. «Ahora la quiere reimpulsar, pero con la presencia de Estados Unidos», concluyó.




